Una botella térmica bien lavada dura años. Una mal lavada acaba oliendo a café rancio en tres semanas, y una lavada del modo equivocado deja de aislar para siempre — y eso último no tiene arreglo.
Van tres métodos en orden de suavidad, y después la lista de lo que no hay que hacer nunca.
Antes de nada: el lavavajillas, no
Es lo primero porque es lo que más daño hace y lo que todo el mundo intenta.
Una botella térmica son dos paredes de acero con el aire aspirado del hueco entre ellas. Ese vacío es lo único que mantiene el frío: sin él tienes una botella normal, pesada y cara. El ciclo de un lavavajillas combina calor sostenido —que dilata los dos vasos de forma distinta y castiga el punto de sellado— con detergentes muy alcalinos que atacan el acabado exterior y lo dejan mate y manchado.
El daño al vacío no se ve. La botella sale entera, brillante y aparentemente bien; lo que notas es que dos meses después el agua ya no está fría por la tarde. Por eso casi todos los fabricantes serios dicen «lavar a mano», y por eso la garantía no cubre los daños por lavavajillas.
Método 1 · El de todos los días

Treinta segundos, al llegar a casa:
- Vacíala en cuanto termines. El café frío olvidado es el origen de casi todo.
- Agua templada, una gota de jabón de vajilla y un cepillo de botellas de cerdas blandas. Llega hasta el fondo: el borde de abajo es donde se queda todo.
- Desmonta el tapón y lava la junta de silicona aparte. Es la pieza que más huele y la que nadie limpia.
- Aclara bien y déjala abierta y boca abajo hasta que se seque del todo. Cerrada y húmeda es como se crea el olor a cerrado.
Con esto basta para el 90 % de los días. Los otros dos métodos son para cuando ya huele.

Método 2 · Bicarbonato, para el olor a café y a té
El bicarbonato es alcalino suave y neutraliza los ácidos grasos que dejan el café y el té. Es lo primero que hay que probar.
- Una cucharada sopera de bicarbonato dentro y agua caliente —no hirviendo— hasta arriba.
- Déjalo toda la noche, con el tapón puesto pero sin apretar.
- Por la mañana, cepilla, aclara a fondo y seca al aire.
Si después de esto sigue oliendo, repite una vez. Si a la segunda sigue igual, pasa al método 3.
Método 3 · Vinagre, para la cal y las manchas
El vinagre blanco es ácido y ataca lo que el bicarbonato no puede: la cal del agua dura y las manchas marrones del té.
- Mitad vinagre blanco, mitad agua templada.
- Déjalo treinta minutos, no más. Es ácido: en contacto muy prolongado con acero no es buena idea, y menos si tu botella es de las baratas.
- Cepilla, aclara muy bien y seca al aire.
Nunca mezcles vinagre y bicarbonato dentro de la botella cerrada. Se neutralizan —así que pierdes los dos efectos— y generan gas: con el tapón puesto, eso es presión.
Lo que no hay que hacer nunca
- Lavavajillas. Por lo de arriba. Es el único de esta lista que rompe la botella de verdad.
- Lejía. Ataca el acero, deja un olor que no se va y no hace falta: no estás desinfectando un quirófano.
- Estropajo metálico o cepillos duros. Rayan la superficie interior, y una superficie rayada tiene más poros: a partir de ahí el olor vuelve antes cada vez. Es la forma más rápida de convertir un problema pasajero en uno permanente.
- Arroz o cáscaras de huevo agitados dentro, el truco que circula por internet. Es exactamente lo mismo que un estropajo metálico, en pequeño.
- Agua hirviendo a chorro. No aporta nada sobre el agua caliente y es un choque térmico innecesario.
- Guardarla cerrada y húmeda. Es la causa número uno del olor a cerrado, y no tiene nada que ver con lo que bebiste.
Si el olor vuelve cada semana
Entonces el problema no es cómo limpias: es la superficie que estás limpiando.
El olor se queda en los poros. Un acero de baja calidad —o uno bueno pero ya picado por meses de zumo y café— tiene microcavidades donde se meten los aceites, y esos aceites el jabón no los saca del todo. Puedes hacer el ciclo de bicarbonato cada domingo y a los cuatro días vuelve.
Mira dentro con una linterna. Si ves la superficie mate, rugosa o con puntos oscuros, está picada y no tiene vuelta atrás.
Es, por cierto, la razón por la que nuestras botellas llevan el interior recubierto de cerámica vitrificada: al no tener poros, no hay dónde se quede el café de ayer. No es que se limpien mejor — es que hay mucho menos que limpiar. Aun así se lavan a mano, por el vacío.
Resumen, para la nevera
- Cada día: agua templada, jabón, cepillo blando, tapón desmontado, secar boca abajo.
- Huele a café: bicarbonato toda la noche.
- Cal o manchas: vinagre al 50 %, media hora, y aclarar bien.
- Nunca: lavavajillas, lejía, estropajo metálico, guardarla cerrada y mojada.